La maldición del gomero. Paco Déniz.
Fue recién llegado a Tenerife cuando oí hablar por vez primera de la maldición del gomero. Exactamente la primera vez que me metí en obras. Por lo visto, los gomeros andan siempre en obras y cada vez que uno se enreda con los aperos de la construcción le cae encima la citada maldición.
Lo sucedido en los madriles es cascarilla comparado con lo que el cacique Curbelo hace en su finca colombina. La gente que no es gomera se extraña de lo sucedido, pero el indígena sabe perfectamente que sólo es un ribete de su estilo caciquil y amedrentador. Lo que pasa es que mientras la gente crea que le debe la vida, nadie alzará su voz si quiere vivir en la isla. Seguirán sufriendo detrás del postigo el despotismo, la dictadura y el férreo control que ejerce el putañero. También, detrás del postigo, se echarán un rezo para que su vástago no le suceda en el cargo ni se fije en ninguna moza del lugar, ¡Chiquita pieza el nota!
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