Partidos – empresas. Damián Marrero Real
No es cosa de ahora. Los partidos políticos tradicionales hace tiempo que devinieron en partidos-empresas.
Dicho esto, lo que resulta verdaderamente sorprendente es que una gran parte de la ciudadanía siga entrando una y otra vez en el juego de este mercadeo, en este zoco donde todo vale y todo tiene un precio. ¿No hay sobradas razones, a estas alturas del partido y con esta estafa en forma de crisis de por medio, para mandar a paseo a estos partidos que se han repartido el poder en los últimos años, tanto en Canarias como en el resto del Estado? Está claro que los millones de euros que solo pueden permitirse estas máquinas de ocupación del poder en campañas electorales obran prodigios. Hasta el punto de que el personal sea capaz de votar a quienes en realidad tienen como objetivo último acabar con las condiciones de bienestar social de sus propios votantes. ¡Vivir para ver! Hay por tanto sobradas razones para darles un portazo a estos partidos-empresa y optar de una vez por otras alternativas políticas. La cosa está tan mal -dicen- que no sería mala idea abrirse a opciones completamente nuevas. Sobre todo, si éstas apuestan por una idea clara: la economía está al servicio de las personas y si hay que rescatar a alguien mejor hacerlo con quien hayan arrojado a la calle que a un banco que quiere mantener el nivel de reparto de primas entre su consejo de administración (tener el yate amarrado en el puerto cuesta un pastón, oiga).
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